Por: Ryszard VanRossum


En un mundo donde el capitalismo sigue gozando de buena salud, pero enfrenta una crisis ecológica sin precedentes, surge el ecomarxismo como una corriente de pensamiento que busca reconciliar las aspiraciones socialistas con las demandas ecologistas. Este artículo explora cómo el ecomarxismo se presenta como una alternativa al capitalismo, proponiendo un modelo de sociedad que priorice la sostenibilidad ambiental y la justicia social.


El capitalismo, desde su surgimiento, ha demostrado una tendencia inherente a la crisis. Aunque ha logrado adaptarse y sobrevivir a lo largo de los siglos, su lógica expansiva y destructiva ha llevado al planeta al borde de un colapso ambiental. Joel Kovel, uno de los principales teóricos del ecomarxismo, argumenta que el capitalismo es el motor irrefrenable de la crisis ecológica actual. Según Kovel, el imperialismo, una de las manifestaciones del capital, ha exacerbado la explotación de los recursos naturales, generando un desequilibrio metabólico entre la sociedad y la naturaleza.

El capitalismo no solo ha perpetuado las desigualdades sociales, sino que también ha profundizado la brecha entre el Norte global, consumidor de recursos, y el Sur global, proveedor de materias primas. Esta dinámica ha llevado a una explotación desenfrenada de los ecosistemas, poniendo en riesgo la supervivencia de las especies, incluida la humana.


El ecomarxismo surge como una corriente política que combina los principios fundamentales del marxismo con las demandas ecologistas. Según Michael Löwy, uno de sus principales exponentes, el ecomarxismo busca subordinar el valor de cambio al valor de uso, organizando la producción según las necesidades sociales y los requisitos para la protección del medio ambiente.

Esta corriente critica tanto al capitalismo como al llamado «socialismo real», que, aunque se presentaba como una alternativa, reproducía muchas de las prácticas destructivas del capitalismo, como el productivismo y el autoritarismo burocrático. El ecomarxismo propone, en cambio, una sociedad ecológicamente fundamentada en el control democrático, la igualdad social y el predominio del valor de uso sobre el valor de cambio.


El ecomarxismo entiende la relación entre la sociedad y la naturaleza como un metabolismo dialéctico. Según esta perspectiva, el ser humano transforma la naturaleza a través del trabajo, pero esta transformación también modifica a la sociedad y al individuo. Sin embargo, el capitalismo ha roto este equilibrio, convirtiendo la naturaleza en un recurso explotable para la acumulación de capital.

Enrique Leff, otro teórico clave del ecomarxismo, argumenta que la racionalidad capitalista ha llevado a una sobre-determinación de lo social sobre lo natural, generando crisis ambientales que afectan a comunidades enteras. Leff sostiene que la única solución viable es la destrucción del capitalismo y la construcción de una sociedad ecosocialista, donde la producción esté al servicio de las necesidades humanas y no de la acumulación de ganancias.


Aunque el ecomarxismo ofrece una crítica profunda al capitalismo y propone alternativas viables, no está exento de desafíos. Una de las principales críticas es su aparente utopía, ya que la transición hacia una sociedad ecosocialista requeriría cambios radicales en la estructura económica, política y cultural del mundo actual.

Además, el ecomarxismo debe enfrentar el dilema de la democracia. Como señala Witold Jacorzynski, la democracia, tal como está configurada actualmente, no parece ser capaz de resolver los problemas ecológicos, ya que está más interesada en satisfacer las demandas inmediatas de los votantes que en garantizar un futuro sostenible.


El ecomarxismo no propone soluciones parciales, sino un rediseño global de la sociedad. Esto implica cambiar los conceptos de retribución y ganancia por una redistribución social y ecológica, así como reorientar el uso de las tecnologías hacia fuentes de energía renovables y limpias.

Michael Löwy sugiere que es necesario planificar la distribución de los productos según criterios sociales y ecológicos, y tomar medidas urgentes para reparar los daños ambientales causados por el capitalismo. En este sentido, el ecomarxismo no solo es una crítica al sistema actual, sino también una propuesta concreta para construir un futuro más justo y sostenible.


Referencias bibliográficas:

  • Julio E. CRESPO, Alessandro MONTEVERDE Sánchez, Juan Guillermo ESTAY Sepúlveda (2018). Revoluciones modernas y modernidad en América Latina. Revista Espacios, 39(9).
  • Kovel, J. (2006). El capitalismo y la crisis ecológica. Revista Lucha de Clases.
  • Löwy, M. (2013). ¿Qué es el ecosocialismo? marxismocrítico.com.
  • Leff, E. (2004). Racionalidad ambiental: La reapropiación social de la naturaleza. Siglo XXI Editores.
  • Jacorzynski, W. (2004). Entre los sueños de la razón: Filosofía y antropología de las relaciones entre hombre y ambiente.

foto de portada: CC0 Dominio publico, recuperado de: https://pxhere.com/es/photo/1081335


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