Puebla, 17 de febrero de 2025 — Con profundo pesar, el mundo del espectáculo despide a una de las figuras más emblemáticas de la Época de Oro del cine mexicano y de la vida nocturna de la Ciudad de México. Yolanda Yvvone Montes Farrington, mejor conocida como Tongolele, falleció el 16 de febrero a los 93 años en su residencia en Puebla. La noticia fue confirmada por el periodista Valdés Doria y el comunicador Óscar Madrazo, quienes informaron que la artista habría sufrido un infarto fulminante.

Tongolele, cuyo nombre artístico evoca la fuerza y el misterio de una diosa tahitiana, fue una de las vedettes más reconocidas y queridas en México. Nacida el 3 de enero de 1932 en Spokane, Washington, hija de un padre mexicano y una madre estadounidense, Yolanda descubrió su pasión por la danza desde muy joven. A los 15 años, emigró a México, donde su talento y carisma la llevaron a convertirse en una de las figuras más destacadas de los escenarios nocturnos y del cine nacional.

Tongolele debutó en el cabaret Tívoli de la Ciudad de México en 1947, bajo la dirección del empresario Américo Mancini. Rápidamente, se convirtió en una sensación gracias a sus cautivadoras interpretaciones de danzas tahitianas, que la llevaron a ser conocida como «la Reina de las Danzas Tahitianas». Su belleza exótica, con sus llamativos ojos azules y un característico mechón blanco en su cabellera, le valió el apodo de «la Diosa Pantera» y la convirtió en un símbolo sexual de la época.

Su fama trascendió los escenarios nocturnos y la llevó al cine. En 1948, debutó en la pantalla grande con tres películas: La mujer del otroNocturno de amor y Han matado a Tongolele. Aunque en muchas de sus películas su participación se limitaba a rutinas de baile, su presencia era suficiente para dejar una huella imborrable. Entre sus cintas más destacadas se encuentran El rey del barrio (1949), Mátenme porque me muero (1951) y Música de siempre (1956).

Además de su exitosa carrera en el cine, Tongolele también incursionó en la televisión y el teatro. En 1984, participó en la telenovela La pasión de Isabela, y entre 2001 y 2002 formó parte del elenco de Salomé. En 2011, se unió a la obra musical Perfume de Gardenia, demostrando que su talento seguía vigente incluso en sus últimos años.

Su vida personal también fue motivo de interés público. En 1956, se casó con el cubano Joaquín González, con quien tuvo dos hijos gemelos, Ricardo y Rubén González Montes. Tras la muerte de su esposo en 1996, Tongolele continuó activa en el mundo del espectáculo, aunque con menor frecuencia.

En 2010, Tongolele comenzó a mostrar síntomas de demencia senil, que más tarde se diagnosticó como Alzheimer. A pesar de los avances de la enfermedad, la artista encontró consuelo en la danza, practicando sus antiguas rutinas tahitianas en su estudio de baile, ubicado en su mansión en Puebla. Esta actividad no solo le permitió mantener un vínculo con su pasado, sino que también ayudó a ralentizar los efectos de la enfermedad.

Sin embargo, en 2021, se informó que el Alzheimer había avanzado considerablemente, al punto de que Tongolele ya no reconocía a nadie, excepto a sus hijos y cuidadores. A pesar de esto, su legado como una de las figuras más icónicas del espectáculo mexicano nunca se desvaneció.

Un legado imborrable

La muerte de Tongolele marca el final de una era en la cultura popular mexicana. Su contribución al cine, la danza y el espectáculo la convirtieron en un ícono que trascendió generaciones. En 2010, fue reconocida con el premio Lunas del Auditorio por «Una vida en el escenario», un merecido homenaje a su trayectoria.

Tongolele no solo fue una artista, sino también un símbolo de empoderamiento femenino en una época en la que las vedettes desafiaban las convenciones sociales con su arte y sensualidad. Su influencia en la cultura mexicana es innegable, y su nombre seguirá resonando en la memoria colectiva como una de las grandes leyendas del espectáculo.

El fallecimiento de Tongolele ha dejado un vacío en el mundo del entretenimiento, pero su legado perdurará a través de sus películas, sus bailes y su inconfundible estilo. Como dijo el especialista de espectáculos Carlo Uriel en su cuenta de X (antes Twitter):

«Tongolele no solo fue una vedette, fue un símbolo de una época dorada que nunca volverá».


foto de portada: Unknown, none visible, Public domain, via Wikimedia Commons.


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