Las FARC firmaron un tratado de paz con el gobierno colombiano en 2016, un acuerdo que buscaba poner fin a más de 50 años de conflicto armado. Sin embargo, a pesar de este esfuerzo por la paz, varios grupos disidentes han continuado su lucha, generando inestabilidad en diversas regiones del país. En particular, en El Catatumbo, una zona fronteriza con Venezuela, se ha roto la tregua entre los grupos guerrilleros, a pesar de que se encuentran en conversaciones de paz con la administración del presidente Gustavo Petro.



La reciente escalada de violencia ha llevado al gobierno colombiano a suspender los diálogos de paz con el ELN. En un comunicado contundente, el presidente Gustavo Petro afirmó el pasado viernes:

«Lo que ha cometido el ELN en el Catatumbo son crímenes de guerra. Se suspende el proceso de diálogo con este grupo, el ELN no tiene ninguna voluntad de paz.»

Esta declaración subraya la gravedad de la situación y la falta de confianza del gobierno en la capacidad del ELN para comprometerse con un proceso pacífico.



Entre los 80 muertos reportados, se incluyen siete firmantes del acuerdo de paz, según la Defensora del Pueblo. En un comunicado, se destacó:

«Muchas personas, entre ellas firmantes de paz, líderes sociales y sus familiares, e inclusive niños y niñas, enfrentan un riesgo especial de ser secuestradas o asesinadas debido a los señalamientos del ELN.»

La violencia ha forzado a cientos de familias a desplazarse a otros municipios, mientras que las comunidades en la región enfrentan una escasez de alimentos crítica. La situación humanitaria se complica aún más dada la histórica lucha por el control del tráfico de cocaína en El Catatumbo, que ha sido un factor determinante en el conflicto armado en Colombia.



La situación escaló drásticamente desde el 15 de enero, cuando un grupo armado asesinó a un empleado funerario, Miguel Ángel López, junto a su pequeño hijo y su esposa, cerca de la frontera con Venezuela. Este hecho, que conmocionó al país, evidenció la violencia descontrolada que persiste en la región.

A pesar de la indignación pública, el ELN ha negado cualquier responsabilidad en este ataque. En un comunicado, el grupo guerrillero declaró:

«La región del Catatumbo conoce bien que habíamos advertido que si el Frente 33 de la ex FARC continuaba atentando contra la población e incumpliendo compromisos, no quedaba otra salida que la confrontación armada.»


Los enfrentamientos recientes en El Catatumbo reflejan la complejidad y fragilidad del proceso de paz en Colombia. A medida que el gobierno de Gustavo Petro intenta navegar por estas aguas turbulentas, la comunidad enfrenta un futuro incierto, marcado por el miedo y la violencia.



foto de portada: DEA Public Affairs, Public domain, via Wikimedia Commons


Visitas: 7

Previous post PROFEPA Impone Clausura Temporal a Zinc Nacional por Irregularidades Ambientales
Next post DESIGNACIÓN DE CÁRTELES Y OTRAS ORGANIZACIONES COMO ORGANIZACIONES TERRORISTAS EXTRANJERAS Y TERRORISTAS GLOBALES ESPECIALMENTE DESIGNADOS