Los programas sociales son la versión moderna del «pan y circo»: dádivas que convierten a la gente en adictos al billete. ¿Críticas al gobierno? Imposible, sí… te quitan la pensión. Es como morder la mano que te da de comer, aunque esa mano te esté ahogando con una sopa de letras… sin letras.

Las mañaneras son el noticiero donde solo pasan películas de superhéroes. El INAI cerró, la transparencia se fue de vacaciones y las redes sociales son un eco de aplausos. Si hasta los algoritmos están comprados, ¿para qué buscar la verdad? Mejor quedarse en la burbuja, que allá afuera hace frío.

Admitir que te equivocaste duele más que un cactus en el zapato. Así que, mejor negar la realidad: el Tren Maya no contamina, es «oxígeno con ruedas». ¿Ecocidio? ¡Fake news! Total, si el corazón dice que todo está bien, ¿para qué usar el cerebro?


  • Democracia en oferta: Si concentrar el poder fuera deporte, aquí ganaríamos oro. Jueces domesticados, prensa amordazada y opositores pintados como villanos de telenovela. ¿Elecciones libres? ¡Próximamente en Netflix!.
  • País dividido en Redes Sociales: En un grupo están los que creen que AMLO es San Francisco de Asís; en el otro, los que juran que es el Yeti. Y en medio, el resto, preguntando si alguien tiene señal.
  • México, marca registrada del caos: En el extranjero nos ven como el reality show que nadie pidió: narcos en la lista de terroristas, presidentes negando masacres y un peso más inestable que el humor de tu suegra en la cena de Navidad.
  • Violencia con descuento: Mientras el gobierno dice que «abrazos, no balazos«, los cárteles reparten balazos… con abrazos post mórtem.

Enseñar a distinguir entre noticia y propaganda. Consejo: si incluye; «¡Viva Morena!«, «Tengo otros datos«, «Chayotero«, «Perdiste tus privilegios«, etc. No es periodismo, es himno. Y si el dato viene de una de tus tías en Facebook, mejor verifícalo… o pregúntale a tu perro.

En vez de gritar «¡adoctrinado!», preguntar: «Oye, ¿tú crees que el Tren Maya llegará a tiempo… aunque sea en 3024?». Usar sarcasmo fino, como cubierto de plata.

Mostrar que la gasolina sube, el salario baja y la inflación es como globo sin hilo. Si eso no convence, regalar una calculadora… o un espejo para que vean las canas que les salieron de tanto estrés político.

La oposición debería dejar de llorar en Redes Sociales y ofrecer algo que no sea «somos lo mismo, pero en azul, rojo, amarillo, anaranjado, morado o… negro chiclaminio«. Propuesta: recuperar el «legado» de Lázaro Cárdenas… pero sin vender PEMEX en TEMU o AliExpress.



Imagen de portada: AriaIA

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