Por: Ryszard VanRossum
En el extraño teatro de la política moderna, donde cada día parece un episodio más surrealista de una serie de televisión, se plantea una verdad ineludible: si estás en un bando de una guerra, estás a favor de la guerra y no de la paz. Esta máxima, tan sencilla y directa, se complica cuando escuchamos a personas cercanas, casi como si estuvieran susurrando un secreto inconfesable, proclamar su lealtad a un bando en particular. En el caso de la guerra de Ucrania, hay quienes se arrogan el título de “team Putin”, como si estuvieran eligiendo entre un club deportivo y otro.
Las narrativas que nos presentan los medios, sin importar el tema del que se trate, han reducido todo a un simple y burdo partido de fútbol. En este espectáculo, los fanáticos, con fervor casi religioso, justifican cualquier acción de su equipo, incluso si juegan sucio. La lealtad se convierte en una venda que impide ver la realidad en su totalidad. El resultado es un circo donde la razón queda relegada a un segundo plano y lo único que parece importar es “ponerse la camiseta”.
Y así, la política en México no escapa a esta lógica de fanatismo. Los ciudadanos se dividen en equipos, cada uno con su propia camiseta, defendiendo a capa y espada a sus elegidos. La discusión se transforma en un griterío de insultos y justificaciones, donde la paz y el entendimiento se disuelven como azúcar en agua caliente, enrareciendo el ambiente social. Cualquier intento de diálogo se convierte en un acto de traición a la causa -de todas las partes-, y la razón se ahoga en el ruido ensordecedor de las pasiones desbordadas.
Es lamentable, pero así es como se resume la política en nuestro país: una guerra de egos, donde cada bando busca demostrar que tiene la razón, mientras la paz se convierte en un concepto abstracto, tan lejano como una estrella en el firmamento. En este escenario, recordar que la verdadera victoria radica en la reconciliación y el entendimiento parece una tarea titánica. Pero en un mundo donde todos se han puesto la camiseta, ¿quién tiene tiempo para la paz?
foto de portada: Los Estragos de la Guerra, Aria IA
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